Milagros económicos, túneles, luces, mentiras y fascismo


Según muestran los últimos sondeos, pasado el temporal del caso “Bárcenas”, el PP recupera parte de sus expectativas de voto. La maquinaria del PP se ha puesto a funcionar a máximo nivel y parece que su mensaje es aceptado con agrado por el electorado. Me refiero a la nueva línea discursiva del argumentario popular que se centra en el crecimiento y la recuperación económica.

Dicen que hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas, pues este Gobierno hace uso de las estadísticas y se apoya en una serie datos macroeconómicos que son analizados tendenciosamente, al tiempo que ocultan otros que indican precisamente lo contrario, para vender que el “milagro de la economía española” tendrá lugar en 2014. Ayudado y repetido este mensaje hasta la saciedad por sus voceros mediáticos, la esperanza penetra en una ciudadanía necesitada de buenas noticias.

Nos hablan de que ya puede verse la luz al final del túnel como metáfora de la situación actual. Dicen que vamos por el buen camino, cerca del final de la crisis, para alentarnos a seguir adelante, aceptando más y nuevo recortes, como zombies, muertos en vida que deambulan sin orientación ni objetivo alguno. No seamos ingenuos, no hay luz alguna al final del túnel. Se trata de una simple estrategia basada en falsas expectativas para hacer que perdamos el norte y olvidemos todo lo que nos estamos dejando en este trayecto. El objetivo real es que nos acostumbremos a vivir en la oscuridad de este túnel y dejemos de buscar una salida al mismo. Como la caverna platónica nos muestran sombras ocultándonos la realidad hasta que pensamos que esas sombras son la realidad misma.

Porque lo peor que le puede pasar a la ciudadanía es la insensibilidad a los recortes sociales, que se acostumbre a que le quiten libertades y derechos y no haya reacción alguna por su parte. Permanecemos inertes, sedados mientras poco a poco están transformando el sistema conocido hacia otro con un déficit democrático y de bienestar que difícilmente podrá recuperarse. Se da la paradoja de que por miedo a perder derechos y libertades estamos cediendo que nos recorten derechos y libertades irrenunciables para vivir en un sistema que se tilde de democrático. Así, por miedo al despido se pierden derechos laborales básicos que facilitan el despido, por miedo a tener una sanidad privada se acepta el copago, por miedo a perder las pensiones se da por bueno perder poder adquisitivo en las mismas…y así.

Esa actitud de pasividad absoluta de la ciudadanía es aprovechada por el Gobierno para transformar y dar la vuelta a un sistema que cada día que pasa adquiere más tintes fascistas. De esta manera, todo aquello que entorpece su labor de demolición democrática y vaya contra sus postulados económicos, ideológicos y morales son torpedeados mediáticamente por un lado y, por otro, se articulan los mecanismos de disuasión y coerción precisos para evitar que se produzcan. Si los escraches son un problema, se les tildan de nazis, filoetarras y se tipifican en el código penal. Si existen manifestaciones multitudinarias se les llama golpistas, perrofalutas, radicales y se hacen identificaciones masivas, multando y deteniendo, cuando no agrediendo, disuasoriamente a los manifestantes. Si los padres mallorquines luchan por el derecho a la educación de sus hijos se les amenaza con los servicios sociales. Si hay personas que aprovechan sus redes sociales y difunden protestas y manifestaciones se les castiga penalmente. Si las mujeres quieren libertad para decidir sobre su propio cuerpo se cambia la ley del aborto. Si el sistema manda a miles de personas a la indigencia se les multa por solicitar el “acto caritativo” de la limosna. La censura ha llegado hasta el ámbito de la cultura, por ejemplo en una localidad gobernada por el PP se suspende una obra de teatro porque a la protagonista se le aparece la Virgen y dialoga con ella sobre la hipocresía religiosa. El colmo del autoritarismo y la discrecionalidad lo hemos visto en un hecho que no por menor es menos importante: la Alcaldesa popular de Fuengirola ha desautorizado toda música que no sea en española para su próxima fiesta local. Estos casos son simples síntomas de una grave y profunda enfermedad que nos lleva en volandas hacia el fascismo. Prohibir, intimidar, censurar y anestesiar, así funciona este Gobierno.

En este periodo de ciudadanía anestesiada ya no son necesarias las caretas de falsa democracia y muchos miembros del PP se están mostrando como realmente son. En estos días hemos visto como un grupo fascista asaltaba una librería en Madrid y se le restaba importancia, fotos de dirigentes de NNGG con el brazo en alto y con símbolos fascistas, Alcaldes que tienen la foto de Franco en su despacho y el cara al sol en el móvil o como un Ayuntamiento organiza un mercadillo nazi y la explicación de su Alcaldesa es que no había nada grave en ello, que lo vieron con naturalidad. Y todos estos hechos no han tenido ninguna consecuencia política. Están crecidos, se sienten fuertes, sin oposición alguna, amparados y protegidos.

Visto lo cual, aunque pueda parecer lejano, estamos mucho más cerca de lo parece de lo que Orwell denominó en su novela 1984 Crimental, el delito de pensamiento. Pensar aquello que vaya contra las consignas del partido es el delito más grave en una sociedad totalitaria “ficticia” que cada vez guarda más similitudes con la actual. Ese es el túnel en el que estamos y del que no pretenden sacarnos. Un nuevo modelo social de tintes fascistas. Tiempo al tiempo. Y no mucho me temo.

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4 comentarios en “Milagros económicos, túneles, luces, mentiras y fascismo

  1. Son indicios inquietantes, desde luego. Esperemos que se queden en indicios, aunque visto cómo anda el principal partido de la oposición, habrá que estar atentos a cómo evoluciona todo ésto que cuentas.

    1. Gracias por tu comentario Santi. Sí, ciertamente es inquietante. Aunque a mí me desespera más la falta de respuesta de la ciudadanía ante esos hecho que, entiendo, son algo más que indicios

  2. Estupenda reflexión. Estén los de un color u otro en el sillón, lo que me parece mas preocupante es la sociedad anestesiada, o todavía más, la sociedad que se despereza y sale un poco de su letargo pero de seguida le cortan la cabeza, la manipulan, la atemorizan, o la tratan de “minoría”, como si en si mismo serlo fuera algo a denostar…(No hay que olvidar que todo movimiento de cambio comienza en una minoría…)

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