5 ideas para el análisis del cara a cara entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy


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Al igual que con el anterior debate a 4, a continuación se destacan 5 ideas sobre el debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez:

1.El formato. Sin lugar a dudas el formato no fue el principal atractivo del debate. El hecho de ser a dos, más encorsetado y menos dinámico y abierto que el anterior a cuatro, no era la mejor puesta en escena posible. El plató, la mesa, el fondo, la manera de llamarse constantemente entre los candidatos (Señor, Rajoy – Señor Sánchez) e incluso el propio presentador, que fue moderador en los debates de los 90 entre González y Aznar (Pablo Iglesias dijo que Campo Vidal abrió una época en 1993 que hoy ha cerrado), no ayudaban a romper con un modelo de debate que era más propio de décadas anteriores que de la España actual. Parecía de otra época. La fuerte carga simbólica del bipartidismo sentado frente a frente en este debate a dos, cerrado y obsoleto no admitía otra interpretación posible que pensar que estos partidos no comprenden lo que demandan los ciudadanos ni siquiera en campaña electoral. Lo que representaban los dos líderes de estos partidos a ambos lados de la mesa en este debate con este formato es uno de las principales críticas que tanto los ciudadanos como las nuevas y emergentes fuerzas políticas vienen precisamente denunciando en los últimos años. La imagen que desprendían era de “otro tiempo”, lejos de la realidad política actual.

2. ¿El ganador? Ayer pedro Sánchez vino preparado y con los deberes hechos. Desde un primer momento se mostró enérgico con Rajoy, haciendo que el Presidente no se sintiera cómodo en ningún momento. Me recordó a Tom Cruise en A few good men cuando intenta sacar de las casillas a Jack Nicholson para llegar a la verdad sobre el Código Rojo, provocando con sus preguntas en el juicio que se vea su cara real, hasta que finalmente sale el orgullo del Coronel y le espeta aquella frase legendaria “You Can’t Handle the Truth” (¡Tú no puedes encajar la verdad!). La estrategia era clara, y lógica, tras el resultado del último debate y la posible bajada electoral que vaticinan todas las encuestas. Tenía que arriesgar. Y lo hizo. Su contundencia fue tremenda, fundamentalmente en lo relativo a la corrupción dónde consiguió que Rajoy perdiera los papeles desarbolado ante la embestida de un Pedro firme que no esperaba. En su mejor momento tal vez tenga su mayor debilidad. Se excedió en las formas y las palabras utilizadas (afirmo que Rajoy no era un presidente decente) pero le dijo respecto a Bárcenas, Gürtel y cia lo que muchos ciudadanos piensan. El problema puede ser que, a esas alturas del debate, quizás no lo necesitaba ya y su momento de mayor firmeza pasa a ser una de las principales críticas que reciba en el día de hoy y en la que se basen su adversarios para cuestionar su victoria de ayer. Aun así toma un respiro, ha servido de refuerzo para los suyos y su electorado, y coge fuerza para la última semana de campaña que será vital para su partido pero, especialmente, para su liderazgo.

3. El perdedor. Aquí no puede existir interrogantes. El Presidente del Gobierno vino excesivamente relajado y no valoró a Sánchez como debía. En un principio se sintió más cómodo, pero poco a poco fue perdiendo la compostura hasta llamar miserable y ruin (Ruiz dijo equivocadamente con evidente nerviosismo) a su oponente. Además las embestidas dialécticas del candidato socialista no permitieron que pudiera comunicar su discurso de recuperación, experiencia y estabilidad. Es más, creo que cometió un error de comunicación tremendo en el momento de la corrupción, más allá de los calificativos poco afortunados que utilizó contra Sánchez. Y es que afirmó de forma tajante dos frases “Yo no estoy en política para ganar dinero” y “yo soy un político honrado” que asumían el enmarcado que proponía su oponente y que tomó la iniciativa desde ese momento. Además, siguiendo lo descrito por Lakoff en “No pienses en un elefante” (para explicar la importancia del marco, Lakoff pedía a su alumnos que no pensaran en un elefante y cuánto más hacían por no pensar en la idea de elefante más se imponía la misma), la idea que traslada a los ciudadanos es justo la contraria que pretende afirmar, es decir que no es honrado y que está en política para ganar dinero. Si esto es lo que pasó enfrentado sólo con Sánchez se entiende que enviara a Soraya al debate a 4 de la semana pasada.

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4. El Bipartidismo. A la finalización del debate se llegó a comentar en medios y redes sociales que éste había sido la escenificación del epílogo del bipartidismo en España. Ciertamente no podría afirmarlo con rotundidad, aunque parece claro que los resultados dejarán tocado gravemente a PP y PSOE. Lo que sí es verdad es que, posiblemente, sea el último que se celebre de esta manera y en el que sólo participen estos actores. El debate, más allá de algun momento de enfrentamiento duro entre Rajoy y Sánchez, fue aburrido, lento y un continuado “y tú más” del que, al terminar el mismo, nadie podrá recordar ninguna propuesta concreta de ninguno de los dos candidatos. Suena viejo y ambos partidos deberán de trabajar mucho para entender los cambios sociales y políticos si pretenden seguir siendo las formaciones de referencia en España. Como dato de interés, encuestas realizadas tras el debate daban como ganadora la opción “ninguno de los dos” a la pregunta ¿Quién diría Ud. que ha ganado el debate?, lo que muestra que muchos ciudadanos ya no se sienten representados ni con estos candidatos, ni con sus partidos ni con su manera de hacer y entender la política.

5. Los ausentes. Han sido los grandes beneficiados del debate, especialmente en el caso de Iglesias y Rivera. Los candidatos de Podemos y Ciudadanos aprovecharon la televisión para, tras el debate, analizar en su beneficio lo ocurrido y referenciarse como representantes absolutos de las opciones que encabezan la nueva política y la regeneración democrática en España. El espectáculo antiguo, encorsetado y de bajo nivel dialéctico del debate contrastaban con la imagen moderna y de cambio de dos candidatos que han conseguido conectar con gran parte de los ciudadanos, mayoritariamente con los electores jóvenes pero es que de ellos es el futuro político de este país. De hecho, Pablo iglesias con una sola frase fue capaz de sacarle más partido al debate que los dos candidatos del PP y PSOE cuando afirmó que habían vivido el epílogo del bipartidismo y pedía a los españoles que recordaran este debate antes de votar el 20D.

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