El retorno de Pedro


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…Y al que todos se apresuraron a dar por muerto resulta que estaba muy vivo. Tanto como para que, contra la lógica, los aparatos y el poder mediático, finalmente Pedro Sánchez ganara las primarias del PSOE. Y lo hizo bien, con claridad. Con más del 50% de los votos, algo que no se podría prever en octubre del pasado año.

Es, precisamente, esa fecha, la del fatídico Comité Federal y la consiguiente abstención que sirvió en bandeja el Gobierno a Rajoy, la piedra sobre la que Sánchez ha construido un discurso que le ha llevado a ser, nuevamente, Secretario General del PSOE. Los que promovieron ese golpe de estado pensaron que desde sus despachos y cargos orgánicos e institucionales podrían controlar un partido ajeno al sentimiento de su base. Se equivocaron. Hay cosas que los socialistas no olvidan. Porque si algo tiene muy claro el militante es que el PSOE es en tanto aparece como oposición al PP y viceversa. Es decir, para el afiliado al PSOE el PP es su némesis política, al igual que lo son el Real Madrid y FC. Barcelona, Batman y el Joker o los Lakers y los Celtics. Quizás sea ésta una de las cosas que aún le queda al partido socialista, la grandeza de sus bases para, cada cierto tiempo, rebelarse contra unos cuadros orgánicos más preocupados de sus propios intereses y ambiciones individuales que de los del propio partido.

Son muchas las cosas que han quedado en entredicho con el resultado final. Por un lado, la figura de Susana Díaz que fue aupada a esta carrera de perdición por los principales barones regionales. La fuerza del sur, que basó su campaña en el hecho de que Sánchez perdía elecciones y ella las ganaba, ha sufrido en sus propias carnes una derrota sin paliativos. Pensaba que no tendría oposición, y que ejercer el poder y control del partido mediante la abochornante parcialidad de la gestora y sus redes clientelares era la suficiente garantía como para ni siquiera presentar un programa hasta unos días antes de las propias elecciones. Contaba además con un sonrojante apoyo mediático que la llevaba en volandas hacia Ferraz casi sin despeinarse. Ganar con el PSOE en Andalucía, aunque sea con los peores resultados de su historia (dato obviado durante toda la campaña) no es argumento suficiente para construir la imagen de una ganadora indiscutible, más en un momento en el que la sociedad española en general, y los militantes del PSOE en particular, están deseando encontrar argumentos y propuestas ideológicas diferenciadas de la derecha, que reconcilien al partido con su base socialdemócrata de la que se ha distanciado y dejado de representar.

Además, cuando el voto es secreto el miedo clientelar desaparece y emergen de pronto el vapuleo público al que sometieron a Sánchez, la vergonzosa e inútil (como se está demostrando en la gestión parlamentaria de los presupuestos) abstención a Rajoy, las unánimes loas de toda la derecha política y mediática del país a la candidata andaluza, sus 32 gestoras, la casita en la playa de los indignados, la neoliberal propuesta de los créditos al estudio, la desternillante idea programática del modelo de crecimiento cultural y económico basado en el gasto de los turistas asiáticos, una ambición desmedida poco disimulada o el insulto velado y la deslealtad al anterior Secretario General. De esta manera se explica que Susana Díaz obtuviera más avales para presentar su candidatura que votos alcanzó el día de las primarias (perdió unos 1200 frente a los 20 mil más que consiguió Sánchez). Porque cuando tus lealtades se basan sólo en el miedo éstas se esfuman en el momento que el temor desaparece. Y los militantes socialistas han dejado de tener miedo.

Por otro lado, Susana queda muy debilitada en Andalucía. Tras apostar por disputar la Secretaría General del PSOE… ¿cómo podrá asumir el liderazgo institucional y orgánico que deberá ejercer a nivel autonómico?

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Pero no sólo Díaz quedó retratada en estas primarias. Al fin y al cabo ella era la mera candidata del establishment, del aparato del partido, en el que los barones que apoyaron a la candidata han sufrido un duro golpe en la legitimidad de la representatividad del partido que ejercen en sus territorios. Quedó claro que no tienen ni el poder ni el control de partido y que sus ideas distan mucho de lo que opinan los militantes de sus federaciones territoriales. Más de uno anoche no pegó ojo.

Tampoco sale bien parada la vieja guardia del partido. Decía Felipe González que un expresidente es como un jarrón chino en un apartamento pequeño, pero cuando te apoyan todos los exsecretarios generales anteriores lo que se proyecta no es un grupo de jarrones chinos, sino un geriátrico ideológico y de modelo de partido en el que hace años que dejaron de usarse las chaquetas de pana, pero, sobre todo, un grupo de dirigentes que representan la imagen de un PSOE que perdió su conexión con la realidad de la sociedad hace años.

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Tozudo, obstinado y con una confianza ciega en sí mismo Pedro volvió y ganó. Un retorno basado en el papel de mártir, de muerto resucitado y ungido por las bases que le ha servido para ganar las primarias pero que no lo va a tener fácil. Es difícil intuir cuáles pueden ser sus primeras medidas. La coherencia nunca fue unas de sus principales virtudes, así que va a ser interesante ver los posicionamientos y decisiones que adopta desde hoy mismo el (re)nuevo Secretario General en el escenario multipartidista actual. Habrá que ver si nos encontraremos al Sánchez que firmaba el solemne, e inútil, pacto con Rivera en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso o, por el contrario, veremos al outsider que apareció en Salvados denunciando las tramas y conspiranoias del poder para frenar un pacto de izquierdas y que ha sabido ganarse el corazón de los militantes socialistas devolviéndoles la ilusión de hacer un PSOE distinto y termina sus actos cantando la Internacional. Tiene el poder para hacer lo que considere oportuno, sin ataduras orgánicas ni estar encadenado a clientelas desleales. Quizás ahora se puede ver al verdadero Sánchez.

En definitiva, el resultado de ayer supone, metafóricamente hablando, una moción de censura de los militantes a la dirección del partido, es decir una enmienda a la totalidad de la gestión que estaban realizando los dirigentes actuales del PSOE. No obstante, una vez terminado el proceso de primarias, la imagen de fractura entre bases y dirigentes debe tornarse en unidad. Veremos el comportamiento de Sánchez en este ámbito. Porque, al sentirse investido de una poderosa legitimidad respaldada por la fuerza del voto de los militantes, podría trasladar la batalla sucedida a nivel federal a los siguientes procesos congresuales autonómicos, provinciales y asambleas locales. Debe ser generoso en la victoria, sin duda, pero Roma no paga traidores. Y si algo se puede concluir del resultado de las primarias es la necesidad de un partido más a la izquierda, que los militantes reclaman un mayor protagonismo en la toma de decisiones, que se debe profundizar en la democracia interna de la organización y que para cambiar el rumbo del partido es absolutamente obligatorio promover, sin miedos ni ataduras, una fuerte regeneración democrática en todos los niveles territoriales del partido. Eso sería construir un nuevo PSOE de verdad.

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