La proximidad distópica de Nosedive


ADVERTENCIA: EL TEXTO QUE SIGUE A CONTINUACIÓN CONTIENE SPOILERS

El miedo en el cine y en la literatura es una emoción que provoca sentimientos contradictorios. Otorga una sensación arrebatadora, que nos atrapa, al mismo tiempo que nos produce una sacudida que nos hiela el interior. Cautiva y turba por igual. El miedo, como cualquier poder en manos de un superhéroe, es algo que debe ser administrado con responsabilidad. Así, al igual que para los Jedi “el miedo es el camino hacia el Lado Oscuro”, como afirmaba Yoda, la cercanía con el presente y el temor a que la ficción que describe se convierta en realidad son los principales elementos de seducción de las distopías, el reverso tenebroso de las utopías. Es, precisamente, esa proximidad con el presente el elemento fundamental de persuasión e inquietud que provoca una serie como Black Mirror y que hacen de ella un must de todo seriéfilo.

En Nosedive(1) se plantea una distopía en la que los individuos son estimados socialmente en función de las valoraciones recibidas en las redes sociales por el resto de miembros de la comunidad. ¿Les suena? Hoy día, esa modernidad líquida de lazos frágiles descrita por Bauman, en la que reinaban los valores individualistas, narcisistas y relativistas, definidos por Lipovetski como típicos de la posmodernidad, se han visto acentuados y superados por la emergencia y el desarrollo de las redes sociales. A esa sociedad fragmentada e impregnada por la incertidumbre cultural y social (Lyon, 1994) se le añaden nuevas herramientas, esencialmente tecnológicas y ligadas a la imagen, que configuran de manera distinta la forma de entender las relaciones sociales, construyendo un nuevo sistema social. Respecto a la crisis económica y sus consecuencias J.L. Sampedro afirmaba que otro nuevo mundo no es que fuera posible sino que “era seguro”(2), contextualizando el presente como un momento esencial en la edificación del futuro próximo. A nadie le cabe la menor duda de que vivimos tiempos de crisis, de transición, y que está emergiendo un nuevo paradigma social, económico y político, en el que Internet y las redes sociales jugarán un papel protagónico. Una nueva sociedad transparente, en la que las cosas se han de exponer para ser (Han, 2013). En la que las comunidades virtuales congregan a individuos que están vinculados entre sí pero aislados individualmente, que se concentran casualmente pero que no desarrollan un ser colectivo propio; que constituyen un enjambre digital sin consolidar una masa como sujeto de acción (Han, 2014). En la que las redes sociales permiten que el individuo pueda escapar de su lugar asignado en la sociedad (Žižek, 2011). Descrita así la sociedad naciente, no es difícil inquietarse con la propuesta que nos hace Nosedive.

La sociedad que viene no dibuja los tintes decadentes, viejos, gastados y pasados por agua de Bladerunner (Savater, 1998), sino que tiene el aspecto de impersonales barrios residenciales tras pasar por un filtro de Instagram(3). En Nosedive se presenta una organización social perfectamente definida en función de la valoración de las interacciones en redes sociales que realizan sus ciudadanos. Las puntuaciones obtenidas por los individuos, su popularidad, son la base para diseñar un modelo social que determina la posición de clase de cada persona. Se establece un sistema de estratificación en el que las clases están perfectamente diferenciadas y que viene acompañado de diferentes derechos y prerrogativas a los que los ciudadanos pueden acceder o no dependiendo del resultado de las valoraciones conseguidas; esto es, la pertenencia a una clase u otra. Agradar al resto se convierte, por consiguiente, en una obligación de todas aquellas personas que quieran ascender socialmente, o simplemente para aquellos que quieran tener acceso a unos determinados derechos, creándose un mundo de la apariencia, artificialmente perfecto, en el que es imposible ser sinceros para evitar cualquier ofensa que otorgue una baja evaluación que afecte a nuestra puntuación personal. Aparece la mentira de la felicidad como mecanismo coercitivo y hecho social de un sistema perfectamente definido en el que la acumulación de valoraciones negativas convierte a cualquier individuo en un apestado social. El soma(4) Huxleysiano de este mundo feliz es la forzosa hipocresía de la sonrisa dibujada que espera un rating de 5 estrellas. De esta manera, los individuos se encuentran atrapados en una simulada felicidad de la que no pueden escapar, viviendo en celdas de falsas sonrisas(5) que no necesitan de barrotes ni guardianes. No existe mejor (ni más perverso) dispositivo de control social que el que pueden realizar unos ciudadanos alienados que se evalúan entre sí.

De cualquier manera, como en toda sociedad por muy perfecta que pueda presentarse, siempre hay lugar para la desviación social; es decir, para aquellos individuos que no se comportan conforme a las normas socialmente aceptadas. En el caso de Nosedive aparece un personaje que, al estilo de los Hombres Libro de Bradbury o las personas al otro lado del Muro de Zamiátin, vive al margen del sistema, de manera libre, rebosando un sincero humanismo propio de quien se ha quitado las ataduras de la hipocresía social en la que se encuentra el resto. Sólo viviendo sin la presión de las valoraciones ajenas, siendo uno mismo, se puede alcanzar la verdadera felicidad de tener una vida real. Aunque esa realidad pueda conllevar el riesgo de una existencia solitaria y asocial.

Por último, en el episodio queda lugar para la redención, aunque para ello haya sido necesario caer socialmente en picado. Así, en una brillante y metafórica escena, el personaje alcanza su plena libertad personal, paradójicamente en la cárcel, con un carrusel de insultos a su vecino de celda, libre ya de la necesidad de agradar a nadie y lejos de la visión del gran ojo social(6) Orwelliano que controlaba su vida.

Comenzaba diciendo que el principal aspecto que seducía de las distopías era el temor que produce la proximidad de nuestra sociedad actual con el futuro que se dibuja en ellas. Y en el caso de Nosedive está más cerca de lo que parece. De hecho, en España ya existe una aplicación (Guudjob) mediante la cual los clientes pueden realizar una valoración del servicio recibido por un trabajador(7). Las connotaciones ideológicas que conllevan el uso de esta herramienta son realmente demoledoras y dibujan un futuro social que nos acerca irremisiblemente al mundo descrito en Nosedive.

No obstante, mientras llega ese futuro distópico, no olvide valorar este texto con 5 estrellas, pinche en el botón “Me Gusta” y comparta el contenido en sus redes sociales.

Notas al pie.
(1) Título del Episodio 1-Temporada 3 de Black Mirror
(2) Frase de Sampedro repetida en entrevistas en periódicos y televisiones (Ver Bibliografía)
(3) Descripción metafórica del mundo Nosedive y que da título a un artículo de La Vanguardia: “Black Mirror: Vivir en un filtro de Instagram de color pastel” (Ver Bibliografía)
(4) El soma es la droga que toman cuando están deprimidos los personajes de Un Mundo Feliz de Aldous Huxley.
(5) Así se expresa el hermano de la protagonista sobre la zona residencial de personas con alto rating en la ella desea vivir.
(6) Referencia al Gran Hermano de 1984, de George Orwell
(7) Artículo de Antonio Maestre La empresa española que convierte en realidad un capítulo de Black Mirror, en La Marea (Ver Bibliografía).

Referencias Bibliográficas y webs.

Este texto fue presentado al I Concurso de Divulgación Política de Cámara Cívica, obteniendo el 2º puesto y Mención Honorífica.

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