La nada interminable del PP gaditano


Ésta era la placa que contenía el nombre de la avenida de la discordia que se ha cambiado, pero naturalmente sólo se veía así cuando se miraba a través del odio y la desmemoria del interior del fascismo en penumbra.

El ayuntamiento de Cádiz aprobó cambiar el nombre de la avenida Ramón de Carranza por “4 de diciembre de 1977 (fecha histórica de movilización del andalucismo frente a un régimen franquista terminal y que desembocó en el referéndum del 28F de 1980 y posterior autonomía andaluza) con el voto a favor de Ganar Cádiz en Común, Por Cádiz Sí se Puede y el PSOE, lo que ha producido un artificioso revuelo en los medios locales y la derecha más recalcitrante que ocupa los asientos del PP en el pleno municipal.

Y lo hace en cumplimiento del artículo 15 de la Ley de Memoria Histórica, porque en este país ya se sabe que hay leyes que deben que cumplirse obligatoriamente y otras que no. Así, se jactaba el propio presidente Rajoy de haber derogado de facto la Ley de Memoria Histórica por la vía de la (no) financiación “La asignación presupuestaria en los 4 presupuestos que ha hecho este Gobierno ha sido 0. La media es 0, porque ha sido 0 todos los años”.


Pero volvamos a Cádiz. El debate originado por medios y políticos locales por el cambio en el nomenclátor local ha sido una creación artificiosa que busca esconder el olor a naftalina fascista que se oculta tras algunos discursos locales. Primero argumentan sobre la necesidad del cambio. No se trata aquí de comentar la obviedad de la vinculación fascista de Ramón de Carranza y las criminales represiones que tuvieron lugar en Cádiz, los hechos no pueden negarse, pero las críticas vienen por el mero cambio, su necesidad (y prioridad) ante otros problemas más graves en Cádiz.

Como siempre, señalas la luna y miran el dedo. El cambio nominal trasciende al hecho en sí mismo. No se trata sólo de cambiar una calle, sino de cumplir con el mandato de reparación moral de los represaliados por el franquismo, y de reconocimiento y aplicación de justicia con unas víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura que han sido olvidadas durante todos estos años de democracia. Pero, ya se sabe que en España existen víctimas de primera y de segunda, y las del franquismo han sido, y son, ninguneadas de manera constante. Será por aquello del franquismo sociológico, ese fenómeno tan inusual en cualquier país democrático como típicamente español, que acepta y tolera socialmente las actitudes fascistas como algo “no especialmente malo”.

Por otro lado, cuando se acaba el argumentario anterior, también se critica la decisión del cambio de calle planteando que existen otras cosas más importantes en Cádiz, una ciudad, es cierto, con grandes problemas económicos y sociales. Entrar a discutir eso es hacerlo en un debate viciado de antemano. Plantea un dilema inexistente entre tener que elegir cambiar el nombre de la avenida o dedicar los esfuerzos políticos a otras cosas más urgentes, estando obligado a preferir una opción cuando hay más alternativas a las enunciadas y además no son incompatibles entre sí. Falacias discursivas con las patas cortas. Es la política de la nada del Partido Popular, que lo corrompe e inunda todo, que niega y destroza cualquier atisbo justicia social respecto a los crímenes franquistas. Cuando se trata de condenar el franquismo siempre existe una excusa. Si no es por una cuestión de formas es por el empedrado. No hay que reabrir heridas. No hay que darle más vueltas a discutir sobre ese (invisible) cordón umbilical entre la dictadura de Franco y el partido. Hacerlo es perder el tiempo. Se retratan solos.

También se cuestiona que no se cambie el nombre del estadio del Cádiz CF. Según parece es una simple cuestión de tiempo. Se hará, y así debe ser. De hecho, desde aquí propongo como futuro nombre para el mismo “Estadio Mágico González”, ya que, si es por méritos con Cádiz, a la avenida que debería haber llevado su nombre le pusieron Juan Carlos I.

Por último, resulta tremendamente curioso como, según los críticos con la medida, una cosa tan insignificante como el cambio de una calle levante tanto revuelo en los medios locales y tal cantidad de polvareda de opinión y tertulianismo. En estos niveles de apreciación, si es por cuestión de importancia, igual podrían dedicar la misma extensión de contenidos a preguntar, opinar e informar sobre la gestión del teofilato y cómo durante años se miraba para otro lado entre croqueta y croqueta de catering de fastuosa y monumental inauguración de la nada.

Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

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