El laboratorio andaluz


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Das experiment es una película alemana en la que un grupo de personas se somete a un experimento en el que deberán adoptar el rol de guardia o prisionero en una cárcel. En la medida en el que va pasando el tiempo y los participantes van interiorizando su papel, los prisioneros van adquiriendo una actitud sumisa para con los guardias que, por el contrario, ven acrecentada su autoridad, derivándola hacia abusos físicos y actitudes violentas y humillantes con los prisioneros. El desenlace para ambos grupos, incluidos los vigilantes del experimento, se lo pueden imaginar.

Como todo parecía presagiar, finalmente, se consumó el pacto de la derecha y la ultraderecha en el Parlamento andaluz en la elección de la Mesa. Todo hace indicar que, salvo sorpresa mayúscula, este pacto tendrá su refrendo en la investidura de Juanma Moreno como primer presidente no socialista de la Junta de Andalucía. Además, según parece, este pacto que podría avergonzar a algunos (Ciudadanos) y, al menos, sonrojar a otros (PP), emerge como el elemento sobre el que la derecha pretende articular los posibles escenarios que aparezcan tras las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2019, dada la segmentación electoral que puede darse con el actual abanico multipardista. El propio Pablo Casado así lo afirmó al decir que “Andalucía es el preámbulo de nuevas mayorías”, extendiendo el pacto andaluz a otros posibles territorios y situaciones venideras. Andalucía viene a ser como un mero experimento de la alianza de la derecha y la ultraderecha. Andalucía se convierte, de esta manera, en una especie de laboratorio electoral de cara a los siguientes comicios, con el ojo puesto en las generales al fondo y el objetivo de parar a las fuerzas de izquierda. Sólo basta con echar un ojo a las propuestas del acuerdo de gobierno acordadas y al “programa” de VOX para hacernos una idea de lo que nos espera en Andalucía y, si se hace extensible al resto de CC.AA., ayuntamientos y diputaciones, lo que viene para el resto de España. Santiago y tiembla España.

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Para que este pacto se haya formalizado ha sido necesario, en primer lugar, que Ciudadanos acepte entrar en un Gobierno con el apoyo de los voxquimanos y, por otro, la ambición del PP por gobernar Andalucía aunque para ello se tenga que tragar el revolcón con VOX. 

Lo primero no  parecía fácil. Por un lado, pretender ser la regeneración y pactar con un partido sentenciado con una caja b probada y, por otro, querer ser el Macrón ibérico y pactar con el partido homónimo de Le Pen en España deben de ser contradicciones difíciles de digerir. Pero en cuestiones de contradicciones el partido naranja se desenvuelve bien, es una constante en su acción política: su modus operandi. No obstante, su posición pretende ser aparentemente fría y distante, vigilante, con todo lo que ocurre. Algo imposible siendo protagonista de lo que acontezca. La elección del cortoplacismo de la vicepresidencia de la Junta de Andalucía lo aleja, sin duda, de la posibilidad de presidir el Gobierno en España. En un experimento de esta (contra)naturaleza hasta los vigilantes del mismo terminan (gravemente) perjudicados.

Lo segundo estaba cantado. El devenir de planteamientos cada vez más escandalosamente escorados a la derecha ultra de Casado no podían acabar de otra manera que abrazando al partido de Abascal, igual que hizo el padre con el hijo pródigo que volvía a casa. Porque al final del día, VOX no es algo nuevo sino una escisión de la parte más a la derecha del partido popular. Una parte que antes permanecía (y mantenían) escondida y ahora saca sus soflamas ultraderechistas a pecho descubierto. No nos engañemos, por mucho marketing y modernidad que le añada el PP, España tiene la singularidad histórica de que su derecha política tiene raíces en las postrimerías del franquismo, lo que la sitúa en una extraña posición con la dictadura y con su concepción de la democracia. Sólo así se puede explicar que mientras que en muchas partes de Europa la derecha aísla y repudia a la ultraderecha- porque antes que nada es demócrata y antifascista-en España pacta con ella y la blanquea. Este último aspecto es de especial interés. Para que se acepte el pacto como algo natural, es necesario realizar un ejercicio de equilibrismo blanqueador en el que VOX aparece no como un partido de ultraderecha sino como un nuevo actor dentro de la derecha más conservadora y constitucional. En el peor de los casos, asumirlo como un partido justo en el extremo opuesto a Unidos Podemos en una perversa y asimétrica comparación ideológica que por su falaz simpleza puede entender cualquiera. Pero siempre asumiendo la normalización democrática de sus propuestas más ultras y mostrando una predisposición hacia el discurso voxquimano hasta tal punto que, en muchas ocasiones, a uno le cuesta diferenciar entre PP y VOX, asumiendo una posición de sumisión ante el partido de los 12 parlamentarios que en alguna ocasión produce cierto sonrojo.

El PP se encuentra prisionero de los votos de la ultraderecha y cada vez que pretenda sacar alguna iniciativa legislativa adelante deberá apoyarse en ella. VOX aparece, por consiguiente, como la máxima autoridad y con el poder suficiente para decidir sobre el futuro de Andalucía. Con su actitud, el PP ha entregado las llaves del Gobierno andaluz a los voxquimanos, carceleros, que de esta manera se convierten en los autoritarios guardias que tienen la sartén por el mango en el acontecer de San Telmo y en las vidas de andaluces y andaluzas. Esta situación sólo conseguirá una mayor radicalización del PP hasta que se produzca una simbiosis tal que llegue un momento en el que sea difícil diferenciarlo de su (aún) pequeño vástago ultraderechista. Alimentar a la bestia envueltos en la posibilidad de gobernar la joya de la corona socialista parece que puede ocultar los nefastos resultados electorales populares, pero el experimento del pacto de nuevas mayorías bajo la idea de radicalización del discurso para pescar en el caladero de la derecha ultra sólo conllevará una muestra de mayor servidumbre a los dueños de la gobernabilidad. Se equivocan. Para eso ya está a VOX. La reproducción de esta alianza de la derecha con la ultraderecha, como afirma Casado, planteará escenarios de retroceso en derechos y libertades impensables ahora y el crecimiento del partido ultraderechista. Veremos como acaba el experimento andaluz, pero desde luego, electoralmente, al PP le puede salir como a los presos de Das experiment. Ya se sabe, los experimentos con gaseosa.

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