Septiembre


 

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En 1990 Los enemigos lanzaron la canción Septiembre. Todo un himno del pop rock español inspirado en un hecho real de un chico que se suicidó al no poder aguantar la presión de los exámenes de septiembre. Todo un temazo, trágico, en el que Josele Santiago, con su desgarradora voz, nos va contando los pensamientos de ese joven suicida.

En la sesión de investidura celebrada esta semana en el Congreso lo que ha tenido lugar ha sido otro suicidio, político en este caso, que frustraba las expectativas de los votantes progresistas de este país que el pasado abril se volcaron para frenar a la derecha y a la ultraderecha. El resultado mandataba a sus representantes a que se pusieran de acuerdo para construir un gobierno de izquierdas, como demostraba ese “con Rivera no” escuchado en la noche electoral.

La realidad fue que, tras prácticamente 2 meses de inacción para buscar el acuerdo de gobierno, la investidura comenzada a atisbarse como fallida cuando se observaba que el discurso de los agentes implicados en la misma se centraba más en culpar al otro del posible fracaso que por buscar elementos de entendimiento para sacarla adelante. Pasábamos del Chicken Game al Blame Game, los conductores de los coches se empeñaban irresponsablemente en despeñarse por el precipicio y, en vez de saltar a tiempo, los futuros cadáveres se empeñaban a señalar al otro como culpable de la tremenda catástrofe. 

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Podría parecer que al final quitaban el pie del acelerador cuando en los últimos días por fin se sentaron a negociar en serio, tras aceptar Pablo Iglesias el veto del PSOE y Pedro Sánchez entender que el gobierno de cooperación debía de ser de coalición. Eso parecía. La realidad es que durante esos días se produjeron filtraciones a medios de documentos manipulados, publicaciones en tiempo real de lo acontecido en la negociación, campañas en RRSS contra tu supuesto socio de gobierno o constantes desprecios públicos entre las dos partes. Ciertamente, era muy difícil conseguir en 3 días lo que no habían hecho en 3 meses. Negociar es un proceso lento que necesita de sus mecanismos y protocolos que no pueden saltarse a la ligera. Además, la historia política española del bipartidismo no se caracteriza, precisamente, por el desarrollo de una cultura pactista de gran calado.

Relatos, impostura, medias verdades y mucha, excesiva, desconfianza mutua. Un espectáculo bochornoso en el que los mensajes se lanzaban en entrevistas y platos televisivos; la politainment sustituyendo a la política. Poco importa ya si 3 ministerios son muchos o pocos; si era una cuestión de sillones o de competencias; si era más razonable no entrar en el Gobierno que llevar esa postura hasta el final; o si se debería haber sido más generoso con quién te hizo presidente del Gobierno con su apoyo en la pasada moción de censura: el fracaso de no lograr un gobierno de izquierdas es responsabilidad de ambos partidos. Por un lado, porque el PSOE siempre dijo con cierto desdén que con Podemos no alcanzaban la mayoría absoluta para, de esta manera, justificar su argumento de evitar un gobierno de coalición, pero obviaban intencionadamente una parte fundamental en su premisa: que sus 42 escaños eran absolutamente necesarios para lograr el Gobierno, como así se ha demostrado. Por otro, porque Unidas Podemos no ha sido capaz de medir su fuerza, su capacidad de influencia, ni sabido cuándo tensar y destentar la negociación, posicionados desde el primer momento solamente en la limitante posibilidad de gobierno de coalición. En este tablero teórico de varias pistas podría parecer que, como decía Joshua en War Games -y recordaba Miguel Ongil en twitter-, con estas reglas y configuración se trataba de un juego en el que el único movimiento ganador era no jugar. Y así ha sido finalmente.

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Las intervenciones de la sesión de investidura estuvieron cargadas de reproches y culpas mutuas de unos a otros, con momentos de niveles de gran dureza dialéctica. Parece que PSOE y Unidas Podemos no se han enterado de que, aunque la investidura haya fallado, tienen dos meses aún para poder llegar a un acuerdo de gobierno. ¿Por qué parecían más interesados en volar cualquier posibilidad de futuro acuerdo? Usando la navaja de Ockham que afirma que cuando existan varias posibles explicaciones la más sencilla suele ser la más probable, se podría decir que dos no llegan a un acuerdo simplemente porque uno no quiere. ¿Quién no quiere? Piensen que al final se trata de una cuestión de incentivos y podrán aparecer todo tipo de teorías de un lado y de otro. No estoy diciendo que se trate de una conspiración pero es una conspiración que dirían los teóricos de los antiguos astronautas, si me permiten la broma.

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De cualquier manera, haya ocurrido lo que haya ocurrido, tras el fracaso y la decepción, los partidos no deben atrincherarse en una guerra de posiciones. Al contrario, deben ser generosos e iniciar un periodo de distensión, esperar a que cicatricen las heridas, volver a construir puentes de entendimiento, ganar en confianza mutua e iniciar una negociación real para buscar nuevamente un gobierno progresista. Deben dejarse de tacticismos partidistas, de estrategias de comunicación política de outlet y posibles cálculos electorales favorables. Que no se llegara a un acuerdo en septiembre no lo entendería nadie. 

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Es cierto que en dos meses el escenario será distinto, los roles de los jugadores serán diferentes y los partidos se comportarán de manera distinta, al añadirse nuevos elementos como la sentencia del procés (el elefante catalán) que entrarán en escena. No obstante, esto no debería ser un obstáculo determinante, sino una nueva situación que tendrán que afrontar tejiendo nuevas alianzas y siendo más audaces en sus planeamientos.

Porque fracasar en septiembre sería algo imperdonable, nos llevaría irremisiblemente a unas nuevas elecciones en las que gran parte del defraudado electorado de izquierdas posiblemente no acuda a las urnas y la suma del trifachito sea una realidad de gobierno. Como rezaba en el parte del texto de la nota suicida que se incluye en la letra de la canción Los EnemigosId a por el pan, que yo no voy a ir, y a por la leche, yo no voy a estar”, quizás las personas progresistas en septiembre ya no vayan, no estén y se produzca el suicidio definitivo de la izquierda. Y no se preocupen. Ya verán que, si esto ocurre, el PP, C´s y VOX se ponen de acuerdo sin problemas para formar gobierno. Si eso es así, como decía el grupo de punk-pop adolescente Green Day, por favor “wake up when September ends”.

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