¿Qué haría Ud. con los 65 millones de Euros que (presuntamente) regaló Juan Carlos I a Corinna?


Durante las últimas semanas se han publicado diferentes informaciones que hacen referencia a los negocios oscuros del rey emérito, otrora el campechano, Juan Carlos I. Según puede desprenderse de esas noticias nuestro rey es un personaje que puede ser de todo, pero campechano parece que no: le gustaba el lujo, gastar dinero a mansalva y lo más importante, presuntamente, cobrar comisiones multimillonarias y no declararlas a nuestra Hacienda.

De entre todos lo desmanes que se le imputan destaca, por lo elevado de la cuantía, el regalo a su amante Corinna Larsen, otrora amiga entrañable, de 65 millones euros que, supuestamente, provenían de las gestiones realizadas para la construcción del AVE a la Meca y no declarados fiscalmente. En los medios nos sueltan esa cantidad de manera repetida y lo asumimos con una naturalidad pasmosa, como si alguien te invita a una cerveza (ya se sabe que en España en según qué niveles se regala bien, recuerden el Jaguar en el garaje de Ana Mato). Será por nuestro nivel de campechanismo, pero, ciertamente, imaginar 65 millones de euros nos cuesta mentalmente, no son números que precisamente maneje el común  de los ciudadanos. Así que para aterrizar esa cantidad y seamos capaces de aproximarnos al volumen económico del regalo del emérito, nos preguntamos  ¿qué haría Ud. con 65 millones de euros si tuviera que gestionarlo para asuntos públicos? A continuación se exponen algunos ejemplos de gasto, inversión social, que se podría hacer con esa cantidad de euros;

Es cierto que comparar situaciones o cosas de distinta naturaleza puede resultar demagógico. Y quizás las comparaciones establecidas se puedan entender así, lo asumo. Lo que no es demagógico, y es lo que se concluye de las cifras anteriores, es que el manejo de esas cantidades, presuntamente, al margen de la ley nos habla de cómo la monarquía entiende el dinero y cuáles sus prioridades. Nada extraño, por otro lado, si echamos un vistazo a los Borbones y su comportamiento histórico. Y lo más importante, demuestra que, para nuestro fallido rey, su concepción de la jefatura de estado sería algo que nos haría retroceder en el tiempo a momentos en los que ni siquiera éramos ciudadanos, uno de los grandes triunfos republicanos, sino meros súbditos. Eso es lo que subyace en todo esto. Lo demás son fuegos de artificio y explicaciones interesadas.

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